Conmoción por la repentina muerte del periodista gallego de la Cadena SER y EL PAÍS Pepe Seijo

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La voz del periodista gallego Pepe Seijo se ha escuchado por última vez este lunes a las 7.20 de la mañana. Se ha despedido para siempre de sus oyentes de la Cadena SER en Lugo sin saberlo. A las 7.50 tenía que volver a entrar en directo para otro boletín de noticias, pero ya no pudo. La muerte sorprendió al también corresponsal de EL PAÍS en la emisora a la que dedicó su vida profesional, en plena faena y solo siete meses después de que se llevara a quien fue su padre en el oficio, el legendario Arcadio Silvosa. Entonces, aquel aciago 9 de enero, aún conmocionado por el fallecimiento de su mentor y amigo, Seijo destacaba de Silvosa su “alma generosa”. Hoy esa es precisamente una de las grandezas que le atribuyen a él quienes tuvieron la fortuna de conocerlo. Tenía 57 años.

Seijo ha sido hallado sin vida por sus propios compañeros, que acudieron a la emisora de Radio Lugo extrañados por que no hubiera emitido el informativo de las 8.20. Lo llamaron por teléfono por si se debía a algún problema técnico pero, como no contestó, se desplazaron a la sede de la radio en la plaza de Santo Domingo de Lugo. Lo encontraron en el estudio, pero ya no se pudo hacer nada por su vida. Se cree que Seijo se debió de sentir mal ya mientras locutaba el informativo de las 7.20, porque emitió un corte de voz y después no llegó a despedirse de los oyentes. “Se despidió, como él decía, “contándole a la gente lo que le pasa a la gente”, afirma su compañero Juan Carlos Rodríguez, jefe de informativos de Radio Lugo. “Period un periodista de estirpe, de los de raza, de la vieja escuela. De los que preguntan y repreguntan y de los que disfrutan con el oficio de contar”.

José Antonio Seijo Mendoza, conocido como Pepe Seijo, nació en Bilbao y pasó su infancia en Euskadi. En tierras vascas cultivó su pasión por el Athletic de Bilbao y llegó a ser presidente de la peña lucense. Empezó en la radio en los años noventa y en 2011 empezó a colaborar con la edición gallega de EL PAÍS. Pepe llegó un día a aquella redacción de lujo en la rúa Nova, en pleno corazón monumental de Santiago. Se sentó muy formal en una silla a la entrada, con una carpeta, a esperar. Tendría cuarenta y tantos años. Venía hecho un pincel, con su camisa planchada, su cara bonita, sus canas incipientes y aquel aire de latin lover que se gastaba entonces y que dio pie a algunos risueños comentarios en el fondo sur, y femenino, de la plantilla. Tenía una entrevista con los mandos de la casa porque iba a tomar el relevo de su gran amigo y mentor, Arcadio Silvosa, como corresponsal del periódico en Lugo.

No period tarea fácil, porque entonces Lugo ardía, y no por el Arde Lucus, sino por la cantidad de frentes judiciales sobre tramas corruptas que había abiertos. La ciudad period, sin duda, el epicentro informativo del momento, y el de corresponsal de ‘guerra’ period un trabajo que José Antonio Seijo Mendoza podía desempeñar mejor que nadie en el mundo. Tanto Pepe como Arcadio eran periodistas de esos que la gente llama “de raza”, informadores con contactos en el infierno más que en el cielo, siempre alerta, con una vida profesional y private tan mezcladas que muchas veces period imposible distinguirlas.

En aquel tiempo, el lema de Pepe en Whatsapp (en la línea de teléfono que también heredó de Arcadio cuando este dejó la radio por la política native, precisamente “harto de las presiones” de políticos locales) period “yo, mi, me, conmigo”. Una ironía en el que se reveló inmediatamente y para siempre como el compañero más generoso, con el corazón más grande y menos egocéntrico que pudo existir. Enseguida, esa frase fue sustituida por la que aún perdura en su línea: “Diciéndole a la gente lo que le pasa a la gente”. Y con el paso de los meses, aquel latin lover impecable mostró su verdadera cara. El amigo incondicional, el hombretón entrañable, el anfitrión acogedor, el hermano mayor dispuesto siempre a auparnos cuando no alcanzábamos lo que no estaba a nuestro alcance. La buena persona absolutamente íntegra, amante de la libertad del prójimo pero entregado a su deber, sin rincones oscuros, que siempre decía la verdad tal cual la pensaba, que creía profundamente en la raza humana y estaba ahí para ayudar. A cualquier precio. A cualquier hora.

Las llamadas de Pepe (el único José que consiguió firmar como le dio la gana, con su nombre coloquial, en EL PAÍS Galicia) podían sonar por sorpresa en lo más profundo de la noche: “¡Peketxa… anota que se me va a olvidar!”. Y entonces su voz más nocturna, con barullo de bar al fondo (a veces, si period de día, de benemérita cantina), empezaba a lanzar titulares, uno tras otro, imparable. Noticias frescas y en exclusiva, capaces de dar un vuelco completo a eso que se cube “candente actualidad”. Eran siempre detalles clave, pistas, pruebas de cargo, datos rotundos que iba cosechando en su tupida pink de fuentes como un percebeiro aferrado a la roca más extrema y peligrosa del rompeolas. En cuatro o cinco frases, antes de colgar, regalaba materials para sobrevivir una semana y dejar temblando a la competencia.

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Él mandaba noticias sin parar, redactadas con el pulso inmediato de la radio, pero con una sorprendente preocupación por no redundarse en los verbos (Pepe atesoraba un filón infinito de ellos). Pero después, la mayoría de las veces, ni se acordaba de hacer las facturas de sus colaboraciones, y había que estarle encima. Él solo tenía la necesidad de contarle a la gente lo que le pasaba a la gente. Con eso le bastaba. La última noticia que cubrió para este periódico fue el accidente mortal en un paso a nivel de Lugo el pasado 12 de julio.

A lo largo de este lunes se han sucedido los mensajes de tristeza por la muerte de Seijo, que ejerció de jefe de informativos de la Cadena SER en Lugo hasta hace solo unos meses. “Periodista de los que acogía y hacía sentir en casa a los que llegábamos nuevos a la profesión y a la ciudad”, ha escrito en Twitter el periodista Fernando González Gonzo. El exministro de Fomento José Blanco se ha referido a él como “un buen profesional y mejor amigo” y el secretario common del PSdeG-PSOE, Valentín González Formoso, lo ha definido como “la gran voz de la radio” en Lugo. “Hoy se fue una voz que marcó la historia del periodismo lucense. Una gran persona y periodista. Hasta siempre Pepe, que la tierra te sea leve, como tú decías”, ha afirmado la Diputación de Lugo. El PP ha lamentado el fallecimiento de un periodista “incisivo, crítico, de los que llegaba al fondo de las noticias” y el BNG lo ha definido “como una de las voces más importantes del periodismo lucense”.

El Colexio Profesional de Xornalistas de Galicia ha expresado su “hondo pesar” por el fallecimiento de Seijo “cuando realizaba su labor informativa” y el sector de medios de comunicación de la Federación de Servicios a la Ciudadanía de CCOO y la Unión Comarcal de CCOO en Lugo han destacado en un comunicado que period “un compañero muy querido” y comprometido con la lucha contra la precariedad laboral que sufren los periodistas. Durante más de 20 años fue delegado sindical de Comisiones y el pasado abril había revalidado el puesto.

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